Un buen punto de partida para ‘Snatch’. Tan bueno que ya lo hemos visto demasiadas veces en el género “british”

La obra maestra de Guy Ritchie, Snatch. Cerdos y diamantes, acaba de ser adaptada a serie de televisión por el canal de cable Crackle, un servicio de televisión online en streaming filial de Sony que desde hace un par de años se ha querido hacer un hueco en el pastel del actual consumo masivo de series a través de Internet mediante la producción de series originales.

Sus primeras producciones fueron The Art of More y Start Up, dos series que han pasado con más pena que gloria a nivel mediático. Es por eso que con Snatch se ha buscado un toque más comercial al adaptar una película de sobra conocida, pero a la vez, con ese género criminal del cine british les permite continuar con su seña de identidad más independiente.

Analizando su primer episodio (para no desvelar más sobre la trama), he de decir que Snatch, como serie, cumple. Se nota la solidez en la estructura argumental y se vislumbra un lejano objetivo final que, si no hay giro, sucederá durante los últimos episodios de la temporada. Desde el primer instante del episodio nos presentan y describen a los personajes y, lo que es muy importante en estas primeras tomas de contacto con una serie nueva: va directo a la acción. Va al grano.

No obstante, aunque esto sean buenas palabras, no me he quedado del todo satisfecho con esta serie. Su creador, un semidesconocido Alex De Rakoff, va a lo seguro. Y es que en este tipo de género siempre necesitamos algo más o algo nuevo que no hayamos visto ya. Quizás esto le penalice bastante a la serie.

El género criminal british procedente de la novela negra policial más underground y disparatada de la cultura británica se hizo un hueco por todo lo alto también en el cine con referentes como el propio Guy Ritchie o Danny Boyle. Incluso llegó a dar el salto a Estados Unidos con Quentin Tarantino y los hermanos Coen.

Lo malo de Snatch es que tiene unos referentes demasiado potentes y no sabe cómo innovar en el género. Veo que le falta creatividad, todo parece un guiño a referentes pasados que más que guiños parecen plagios. Carece de personalidad propia. “Es una adaptación de Snatch” diréis, sí, pero, más allá de su título, nada tiene que ver con ésta. Los personajes son nuevos y las situaciones también, pero en la esencia de todo esto hay un poco de aquí y otro poco de allá (casi todo del cine de Guy Ritchie, por cierto) que la convierte en algo poco interesante para seguir.

Algunas de estas referencias proceden, primero, de su realización, con elementos como esa voz en off del protagonista contando la historia, ese montaje frenético con música rock pop o esas escenas detallistas en cámara lenta. También usa mismos elementos narrativos, sobre todo, a la hora de definir a los personajes y la trama. Ésta es la habitual: el protagonista debe dinero a un tipo peligroso y deberá encontrarlo de cualquier forma. Claro, siempre ilegalmente. Además, los personajes, más que estar formados por estereotipos, yo diría que se forman siguiendo un mismo patrón bien definido en películas anteriores: protagonista, mejor amigo, amigo divertido, capo de una banda criminal y chica que se une a los protagonistas.

La falta de personalidad de la serie que comenté antes se nota perfectamente en la creación de los personajes. Es cierto que siguiendo un patrón ya definido puedes dar a luz a buenos personajes, pero sin la originalidad y el toque personal del autor ninguno será memorable. Y esto es lo que pasa en Snatch. ¿Cuántos personajes míticos recordamos de películas como Snatch. Cerdos y diamantes, Trainspotting o RocknRolla? El único que podría destacar en esta serie es el personaje de Rupert Grint (Ron en Harry Potter), que es el único que logra distanciarse algo de lo habitual. Si le dan más protagonismo, su evolución puede ser de lo más destacable. Eso y los títulos de crédito, posiblemente lo más original del primer episodio.

En conclusión, Snatch nunca suspenderá porque se nota el trabajo y la buena estructura que hay detrás (aunque sea a base de guiños), pero tampoco destacará porque carece de personalidad, algo clave en el género negro.

 

 

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